Sunset Blvd. – El crepúsculo de los dioses (1950)

El crepúsculo de los dioses - Créditos iniciales

Podría estar escribiendo durante horas sobre El crepúsculo de los dioses. No recuerdo cuándo fue la primera vez que la vi y tampoco cuántas veces la he visto, pero sí recuerdo la última vez: ayer en una sala de cine casi llena y en versión original.

Lo primero que llama la atención es la forma de presentar el título de la película. Si bien en España se decidió llamar El crepúsculo de los dioses, su título original es Sunset Blvd., como la famosa avenida de Los Ángeles, donde muchas estrellas del cine mudo se compraron sus grandes mansiones en los años 20 y 30. El título de la película parece en el bordillo de la acera de la avenida y no en el típico rótulo de todas las producciones de la época.

El siguiente aspecto rompedor aparece en el mismo minuto: la voz en off nos presenta el final, con un cadáver en una piscina, el cadáver de un guionista de pacotilla asesinado con tres balazos de pistola, una estructura que Billy Wilder ya había utilizado en Perdición seis años antes. Pero por si eso no fuese poco, luego nos damos cuenta de que, en realidad, la voz en off es la del cadáver que estamos viendo. Ese escritor de tres al cuarto acaba, por error, en una de las mansiones abandonadas de Sunset Boulevard tras pinchar una rueda de su coche, el coche que sus acreedores intentan llevarse para saldar una de sus deudas.

Pero la mansión a la que llega no está abandonada, sino que en ella habitan un extraño mayordomo, Max (Erich Von Stroheim) y la señora de la casa, una grandiosa Norma Desmond (Gloria Swanson), otrora estrella del cine mudo. Un personaje histriónico, sobreactuado y egoísta, cuyo único objetivo es utilizan al ignorante guionista que acaba de caer en sus garras… aunque él piense todo lo contrario. Tras el primer encuentro donde confunden al guionista, interpretado por William Holden, con el encargado de una funeraria que se haría encargo del entierro del chimpancé recientemente finado de Norma Desmond, Joe Gillis (el guionista que en teoría es el protagonista) entra en una dinámica destructiva donde acabará siendo un juguete a manos de Norma Desmond. La decadente actriz se aprovechará de su “invitado” para reescribir su guion de Salomé y volver al cine por la puerta grande, además de agenciarse un nuevo amante.

El crepusculo de los dioses (30)

El crepúsculo de los dioses entremezcla, a través de ese juego, la realidad y la ficción. Quizá no lo veamos con claridad en 2016, 60 años después de su estreno, pero Gloria Swanson fue una estrella del cine mudo. No solo eso, sino que Cecil B. DeMille (que se interpreta a sí mismo) y Erich Von Stroheim dirigieron a la actriz en la época del cine mudo. Además, en la escena de la partida de bridge, acompañan a la actriz tres estrellas del cine de los años 20 ya sin expresión en sus rostros: Anna Q. Nilsson, H.B. Warner (de El rey de reyes de Cecil B. DeMille) y Buster Keaton (quizá ahora el más famoso de los tres). Pero no solo estamos ante una película que plasma la vida de las viejas glorias en la época “actual” (años 50), sino que a través de varias escenas Billy Wilder nos traslada una visión más compleja sobre la industria del cine.

Las luces juegan un papel fundamental y así se demuestra en la escena de la visita a los estudios de la Paramount. Cuando Norma Desmond es reconocida por un iluminador del estudio, Hog-eye, y éste dirige el foco de luz hacia ella, con lo que consigue que todo un tropel de admiradores acudan a la actriz para saludarla. Billy Wilder nos está contando la dinámica de Hollywood: solo eres importante cuando estás bajo los focos. Cuando no te da la luz, no existes. Por eso en la mansión de Norma Desmond se vive a oscuras y por eso las oficinas de guionistas solo se alumbran con una lámpara de mano.

Nadie se fija en estrellas venidas a menos y nadie le da importancia a los guionistas quienes, en realidad, son los que crean la historia original. Solo en la escena final vemos a Norma siendo el centro de atención, rodeada por actores y técnicos de rodaje, siendo el centro de atención de todas las cámaras y de los cotilleos, y agradeciendo a todos, incluso a nosotros (el público que está en la oscuridad viendo su película) su vuelta a la gran pantalla.

Por otro lado, podemos comprobar de primera mano la crisis del guionista falto de ideas. Un Joe Gillis que escribe guiones como refritos de películas de segunda, no se da cuenta de que años atrás tenía buenas ideas que no desarrollaba porque prefería tirar por el camino más cómodo de las historias convencionales, las que venden, las que en teoría le gustan al público. Joe no asume el riesgo de la originalidad y no se da cuenta de que la verdadera historia interesante es la de su vida en esos momentos. Por eso parece que la voz en off es omnipresente. En realidad, el guionista nos está leyendo el guion de la mejor película de su vida: los hechos que desencadenaron en su muerte.

Pero la muerte de Gillis en realidad es el final trágico pero natural: decide, por un lado, decirle a Betty, de quien está enamorado, que se vaya con su prometido, ya que él vive como el amante de Norma Desmond, aprovechándose de su dinero para vivir. Por otro lado, Joe decide marcharse de la casa que fue su cárcel durante tanto tiempo. Por un lado y por otro, sus posibilidades de retomar una vida normal son casi inexistentes, por lo que la narración de su personaje debe terminar en esa escena de la piscina.

El crepusculo de los dioses (32)

Para mí, el tema central es la dureza de la industria cinematográfica. El ejemplo claro es la secuencia de la llegada a los estudios de la Paramount y su desarrollo hasta salir de los estudios. Norma Desmond acude a los estudios sin invitación para ver a Cecil B. DeMille. Ha recibido llamadas de algún que otro ayudante y ella piensa que intentan hablar con ella sobre su película Salomé. El guardia de la entrada no la reconoce, pero un vigilante algo mayor sí. Este vigilante, fascinado por la actriz, la deja entrar. Norma comenta que al novato hay que enseñarle modales, ya que sin ella no tendría trabajo: sin Norma, no existiría la Paramount.

Antes de llegar al estudio 18 donde DeMille está rodando de verdad Sansón y Dalila, se produce cierto revuelo porque nadie sabe por qué ha llegado Norma Desmond. En realidad, las llamadas del estudio eran para preguntar por su antiguo coche: es idóneo para una película de Bing Crosby. Pero DeMille y compañía deciden no decirle nada, le dan largas y aumentan el daño psicológico de alguien que no está muy bien de la cabeza dándole esperanzas sobre el rodaje de Salomé. Ella se lo cree todo, pero DeMille comenta con los demás que ni la llamen por el tema del coche, ni piensa rodar una película absurda con una actriz como ella. Cuando era joven, Norma era una de las mejores actrices del mundo. Pero la fama la convirtió en lo que es ahora.

Finalmente, Norma llegará con ilusión a la mansión para empezar varios tratamientos de belleza que le provocan un dolor muy fuerte y seguro que agravan su trastorno narcisista e histriónico de la personalidad. Un trastorno auspiciado por Max, su mayordomo, quien le escribe cartas de admiradores para conseguir que el ánimo de la actriz no decaiga… aunque en realidad lo hace peor.

De ese modo, Norma Desmond sigue actuando como si fuese una niña consentida, sin asumir su edad ni el cambio de las reglas del juego en el cine, igual que todas esas actrices que se infiltran bótox para parecer más jóvenes y en realidad lo hacen peor… pareciendo monos de feria.

El crepusculo de los dioses (31)

He visto El crepúsculo de los dioses veces innumerables, pero ayer la vi por primera vez en versión original. Si podéis, os recomiendo su visionado. La modulación de voz de Gloria Swanson exagerando todas las entonaciones junto con sus aspavientos es genial. La interpretación de William Holden, que en la versión doblaba no destaca, no se parece a las actuaciones de la época, con voces que exageran la masculinidad y la dureza de los personajes masculinos. Erich vin Stroheim tiene su acento alemán. Nancy Olson, una total desconocida, está perfecta en el papel de la ingenua pero inteligente lectora de guiones enamoradiza. Tan enamoradiza que al principio del metraje siguen llamándola con su apellido de casada, a mitad de metraje está prometida con Artie y al final enamorada de Joe.

El crepúsculo de los dioses, al contrario que Norma Desmond, ha sabido envejecer muy bien. Quizá porque Billy Wilder supo eliminar ese glamour del que hacía gala el cine de la época. Ese halo de grandiosidad es aquí el hilo conductor que se ejemplifica en una simple frase de Norma Desmond: Yo soy grande, es el cine el que se hizo pequeño.

El crepusculo de los dioses Creditos finales

 

A continuación os dejo una serie de imágenes de esas que me gusta tener para revisar de vez en cuando: carteles de la peli, fotos del rodaje y fotogramas. Podéis hacer clic en la imagen para poder comentar en ella o por si queréis verla en un tamaño mayor.

Carteles de El crepúsculo de los dioses

Fotos y fotogramas de El crepúsculo de los dioses

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6 comentarios en “Sunset Blvd. – El crepúsculo de los dioses (1950)”

  1. Es un clásico del cine, dentro del cine, y no precisamente muy de ficción. Yo no la he visto tantas veces, el drama en su justa medida, pero es cine desde el primer fotograma hasta el último y esa escalera…

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    1. Creo que me enamoré de Billy Wilder desde que me enteré de que el plano del cadáver de la piscina desde abajo está rodada desde arriba y con un espejo en el fondo de la piscina xD

      Es una obra maestra sin discusión y una de las primeras películas que recomiendo a cualquiera acercarse al cine clásico 🙂

      Le gusta a 1 persona

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