Terminator Genisys (2015)

Términator Genesis

¿Recordáis eso de «Si hay que ir se va, pero ir pa na es tontería»? Gastar 155 millones de dólares en una película como esta, pese a que superó con creces el presupuesto gracias al mercado extranjero (en EE. UU. «solo» recaudaron 90 millones), parece un malgasto de tiempo y recursos viendo el resultado final. No sé cómo calificar Terminator Génesis: no sé si es un remake, un reboot, una secuela, una precuela… El caos narrativo y de guion es tal que, hasta que hacia el final del metraje no empiezan a reírse de sí mismos, me cuesta seguir qué me quieren contar. Veamos cómo resumir este esperpento: John Connor envía a Reese a 1984 para defender a su madre del T-800 que han enviado las máquinas, pero en lugar de aparecer en el 84 de Terminator, aparece en un 84 paralelo. ¿La razón? Imposible de explicar para alguien como yo, mejor que os lo explique Arnold/T-800/Pops, en los 10 segundos donde lo explica. En este punto del metraje me explota la cabeza. La aparición del T-1000 que nadie explica cómo llegó al pasado y la subsiguiente persecución no tiene razón de ser más que alargar una trama sin sentido. Hasta aquí el principio de la película.

Lo que me hace explotar la cabeza por segunda vez es que tanto Sarah Connor como un T-800 que ahora es un supercientífico más viejo porque su tejido es humano y envejece (WFT?) construyen una máquina del tiempo, en 1984, para ir a 2017. Cuando llegan al futuro se encuentran con un John Connor que es medio humano medio máquina (no hago ningún spoiler que no aparezca en el tráiler). Ahora viene lo bueno. El final y su relación con el polémico final del Mass Effect 3: Aparece un holograma de Skynet con la voz y forma del holograma del niño del final del videojuego, donde le explica a Shepard que debe elegir entre tres finales: la supremacía de las máquinas, la de los humanos o una solución híbrida llamada síntesis. Es decir, creo que viendo al John Connor sintético podemos ver las consecuencias de elegir la opción de síntesis en el juego. Pero es de agradecer que, hacia el final del metraje, como diciendo «Después de todo esto, ya nos da todo igual», guionistas y director se permiten varias licencias riéndose de sí mismos. Esos momentos son lo mejor de una película que es un WTF continuo.

Lo mejor: Que al final no se toman muy en serio a sí mismos.

Lo peor: Los giros de guion continuos y la complicación extrema del guion.

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