Trance (2013)

Trance

Ya sabemos desde hace tiempo que Danny Boyle ha perdido el toque que lo hizo especial. Nos encantó en Tumba abierta (Shallow Grave, 1994) y Trainspotting (1996), en pleno auge de los 90. Llegaron los bombazos de La playa (The Beach, 2000) y 28 días después (28 Days Later, 2002). Después vino su reconocimiento con los ocho Oscar a una película menor: Slumdug Millionaire (2008). Solo hay que volver a ver esta película si no te diste cuenta en su primer visionado que en realidad es una chorrada merecedora de algún Razzie, pero no de ningún premio como fue abrumadoramente galardonada en su año. A partir de ahí, tenemos 127 horas y Trance.

Esta última es tan solo una amalgama de luces, colores y música, acompañada por unos tíos que a saber qué te están contando. Porque iniciamos la película sabiendo que el personaje de James McAvoy robará un cuadro, pero para lo que no nos han preparado es para aguantar tal amasijo de subtramas sin pies ni cabeza, taladrándote la cabeza con efectos de imagen e incongruencias en el guion del tamaño de una ballena blanca.

Lo mejor: la fotografía.

Lo peor: el guion y que se le dé bombo solo por ser una película de Danny Boyle, que actualmente significaría una película del montón.

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